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Crónica: Vivir al mínimo

Considerando las marcas más baratas, el menú más sencillo, ninguna inversión en vestuario y mucho menos una compra por placer, el salario mínimo apenas alcanza.

Este jueves, la Cámara de Diputados aprobó aumentar el monto del sueldo mínimo a 276 mil pesos, en un plazo de 18 meses. Después de un largo debate en el parlamento, el ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, anunciaba ante las cámaras que se trata de una buena noticia para Chile.

Hace sólo tres días, un estudio realizado por la consultora Mercer posicionó a Santiago de Chile como la segunda ciudad más cara para vivir en Sudamérica. Después de Buenos Aires, la capital chilena es la que tiene costos más elevados considerando sólo los servicios básicos que se necesitan para una vida digna.

Pilar Gómez, una joven de 24 años oriunda de Chillán, trabaja de cajera en un supermercado. Por problemas económicos, tuvo que congelar sus estudios de psicología en una universidad privada y ha decido quedarse en la capital para aprovechar de trabajar este semestre y así ahorrar algo de dinero que le permita retomar su educación. Gana el mínimo: 250 mil pesos.

Ante lo que Valdés cataloga como “una buena noticia”, decidimos hacer el ejercicio: Nos subimos a una micro para recorrer Santiago de Poniente a Oriente, el trayecto que en general hace la clase trabajadora que sobrevive con el sueldo mínimo. Al igual que Pilar Gómez, utilizamos el transporte en horario punta de acuerdo a su jornada laboral. Considerando el pasaje de ida y vuelta, durante 30 días, anotamos 45 mil pesos a fin de mes.

Cuando llega la hora de pensar en una vivienda para una persona sola, buscamos en Internet una pieza común, con lo básico para vivir. Encontramos un espacio reducido, donde alcanza una cama de una plaza y apenas un escritorio, en un piso compartido. En una comuna como La Cisterna, donde Gómez arrienda una habitación con todos los gastos incluidos, el valor promedio es de 130 mil pesos mensuales por persona. Si se comparte con algún conocido o familiar el valor puede bajar un poco, pero entonces se incrementan los gastos de agua, luz, gas e internet. Sumamos 40 mil pesos, siempre apostando por las opciones más económicas que ofrece el mercado.

En este recorrido con libreta en mano, entramos al supermercado, repetimos el ejercicio, y pensamos en las compras mensuales, considerando sólo los productos de primera necesidad. Ningún lujo, ningún gusto extra. Lo mismo al ir a la feria y comprar frutas y verduras. Añadimos 50 mil pesos.

Aunque el frío llegó hace un par de meses, el invierno apenas comienza. Es el momento, entonces, de agregar el ítem de gastos relacionados a medicamentos y calefacción.

Los jóvenes menores de 25 años aún puede ser carga de sus padres en el Fondo Nacional de Salud, Fonasa. Sin embargo, una vez que se pasa este límite de edad, el sistema de salud es otro costo añadido a la factura mensual.

Este es el último año en que Pilar Gómez goza de este beneficio. Por el momento sólo tiene que agregar los dos galones de parafina que utiliza para la estufa, los que suman 12 mil pesos. En este ejercicio no se incluye ropa, tampoco actividades extraprogramáticas, mucho menos libros o salidas al cine. Cualquier gasto extraordinario, como reemplazar los anteojos que se quebraron y cuyo costo alcanza los 50 mil pesos, puede alterar de manera dramática el presupuesto mensual.

Llegamos así al 30 de este mes con un total de 237 mil pesos. Aun considerando las marcas más baratas, el menú más sencillo, ninguna inversión en vestuario y mucho menos una compra por placer, como un regalo de cumpleaños o una salida a comer fuera de casa, el salario mínimo apenas alcanza. Quedan 13 mil pesos a favor.

El ministerio de Desarrollo Social cifraba el monto mínimo para un hogar con más de tres integrantes en 328 mil pesos para superar la línea de la pobreza. Sin embargo, esta cifra no se sustenta en el ejercicio real de ir de compras y sumar gastos tan cotidianos como básicos. La calculadora no miente y el monto final sobre pasa lo que un asalariado promedio recibe en Chile.

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE, a la que nuestro país pertenece junto a una gran cantidad de países desarrollados, el salario chileno es el segundo con el valor mínimo más bajo, superado sólo por México. Mientras que en Chile el salario por hora alcanza los 1500 pesos, Australia paga a sus trabajadores 6 mil 500 pesos por el mismo tiempo de trabajo.

Esta realidad corresponde a poco menos de un millón de trabajadores, que según los datos entregados por el Seguro de Cesantía de la Superintendencia de AFP ganan igual o menos del salario mínimo. Ante esa diferencia enorme entre el mínimo fijado y el costo de vida real de la segunda ciudad más cara del Cono Sur, hay muchos que, como el obispo Alejandro Goic, han planteado la necesidad de un sueldo ético que alcanzaría los 400 mil pesos mensuales.

Por el momento, a personas como Pilar Gómez, que también por tema de dinero no ha podido finalizar sus estudios. Veintiséis mil pesos no harán ninguna diferencia.

Última modificación: 27 de junio de 2016 a las 21:55
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